Saturday, August 19, 2006

jacaranda

como ando exiliado por mor de las obras del escorial culinario en que andamos enfrascados, últimamente escribo este blog desde el despacho de paco catalá, qué tal amigo, donde esta mañana ojeaba su biblioteca y hojeaba el libro que apunto al lado. mayormente, se trata de una jacaranda de personajes que habitaban madrid.
lo curioso, y voy a acabar creyendo en las metacoincidencias, a las que me introdujo carlos creus que se inició en ellas con su conocido jon de la riva, mal bicho, es que el primer jacarandoso que glosa tomás borrás es don julio camba, cuyo libro reseñamos hace ná. el tercero que aparece es edgar neville, uno de cuyos familiares del mismo nombre (su nieto?) me introdujo en los aromas del hasshiss hace siglos en el bello torremolinos (también estaba juan lópez casas (amigo que luego se mató camino de valladolid yendo al funeral de otros amigos) y un marqués, cuyo título nunca he olvidado, casatremañes; jugamos al póquer bien colocados y hasta la madrugada. todavía creíamos en la inmortalidad, qué bien... o qué bobada, más bien).
como borrás debía ser tan aficionado a la guasa como camba (ayer ví en abc una cosa de martín ferrand lamentando la pérdida del humor que nos asuela, o que asuela a nuestros políticos, aunque yo creo que el asolamiento es general), cuenta de él, borrás de camba, una anécdota divertida con la que se defendía de los periodistas abusones que socapa de una encuesta y entrevista rápida pretendían que les dieran los artículos hechos: -¿que haría usted en el año dos mil?, pregunta el abusón. camba le contesta: -¡hombre! me ha dado usted una idea magnífica para un artículo.
pues eso.
ps mirando el maría moliner veo que jacaranda no debe confundirse con jacarandá, éste denominador común de diversas plantas y aquél sinónimo de jácara, más o menos bravucona. yo creo que el título de borrás juega con ambos significados y, además, los aproxima a jacarandoso, elegante, que se muestra seguro de sí mismo. y así resulta en plétora y variedad de humanos, mayormente varones en el libro, que con gusto se muestran bravos ante los demás, exhibiendo sus saberes y poderes con, al menos, aparente seguridad.
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