Friday, March 12, 2010

Manos arriba: esto es la Administración

Poco a poco, jugando con los miedos e intereses de sus clientes, la Administración va tupiendo una malla normativa cada vez más cerrada con la que, so capa de la defensa del bien común, nos exige de todo, con detalles a menudo dignos de mejor causa.

Por supuesto, ni puede imponer a rajatabla esas normas ni siquiera aspira a hacerlo. A veces son los ciudadanos quienes las sacan a relucir para hacer las denominadas huelgas de celo o a reglamento... con las que logran paralizar la actividad correspondiente.

Es decir, se dictan normas incumplibles que solo valen para (1) lavarse luego las manos ("ya lo dijimos") y, lo que aquí viene a cuento, (2) para señalar con el dedo y joder a quien ose desviarse de lo que interesa al mandamás de turno. Es decir, para elegir a quien hacerle una avería, amedrentando así a los demás, que ven cómo se aplica el hierro de la Ley a quien se sale del tiesto: al enemigo el Reglamento y con el culo al viento.

Y, en los tiempos que corren, esa maraña normativa y sancionadora tiene otra utilidad magnífica: atracar a las personas para recaudar por la puerta de atrás los euros que necesitan los mangantes para seguir en sus poltronas.

Pasa en el mundo entero, pero aquí, y en algunos otros sitios, tiene un matiz de desverguenza añadido. Así, en USA ya se usa con profusión la colección de multas para allegarse eurillos (bueno, en su caso dolarillos), pero al menos tienen la decencia de hacer como que trabajan y exigen trabajo a los funcionarios y además recortan gastos por todos lados.

Aquí somos más listos, claro: desparramamos máquinas y agentes sancionadores y encima seguimos a todo tren con nuestros gastos... y los sufridos que arreen.

En no poca medida nos lo merecemos, por alentar imbécilmente la intervención de las AAPP en todos los aspectos de la vida, incluso los más nimios (la responsabilidad siempre debe ser de otro, nunca nuestra, que eso es muy cansado), exigiéndoles que lo resuelvan todo (incluso que se hagan cargo de la abuela y tambien de los niños, que nos queremos ir de vacaciones) y justificando con ello su voracidad normopunitiva.

Y digo solo en parte porque ni siquiera esa dejadez de la responsabilidad propia del ciudadano justifica la desfachatez de sus representantes y sus administradores.

Y todavía algunos, incluso niños bien, que hay que joderse, oyes tú, vienen alardeando de progrecomunismo.

Realmente no creo que tengamos remedio. Espero que La Singularidad traiga el cambio. Al menos en ella radica mi única esperanza.
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