Saturday, July 08, 2006

cómo distrae el ombligo o los niños a jugar

aznar (no, el de la izquierda no es aznar, es sir thomas more pintado en la primera mitad del xvi por el joven holbein, y que hoy podemos disfruta al borde del neoyorquino central park en la frick collection) deja una españa con ganas de comerse el mundo, de ir a por todas, de buscar más poder y riqueza, de jugar un papel de primera línea. vamos, de hacerse mayor.
pero hete aquí que, en menos de dos años, volvemos a estar donde nos pusieron hace un siglo, que es el mismo desde hace muchos; eso sí, con una nueva religión en curso. ay!, cuando habíamos creído, qué bobada!, que ya era hora de otra cosa.
al margen de las suras más conocidas del nuevo catecismo, oséase, los bodorrios homos, los roperos ongs, la comunión de cuerpos y almas, con ombligo al aire, claro está, y por ahí, se nos distrae con una bobada que ansía acendrar una falacia de tomo y lomo.
hace ya tiempo que sabemos que más problemas causan a la sociedad los pequeños abusos y tropelías impunes que los asesinatos. lo que enturbía las relaciones sociales, si es que aún queremos civilizarnos por el camino de nuestro ser social, el único camino al decir de los biólogos filósofos, es la impunidad, especialmente, por su abundancia, de los pequeños desmanes cotidianos, y no la expresión de los desvaríos de nuestra naturaleza, asesinatos y por ahí, cuya explosión aún no sabemos si algún día se podrá impedir sin gran daño.
bueno, a lo que iba: aunque el mantra dominante viene a apuntar al terrorismo de los etarrillas como gran problema español, lo cierto es que éste, el problema, no nace de los actos de la pandilla, sino de los nacionalismos secesionistas (mafias localistas, por otro nombre, padrino padrone) que nos rodean...
pero, cómo es posible que éstos tengan tantos partidarios?
algunas razones son fácilmente comprensibles; la fundamental, que constituyen una buena barrera no arancelaria, cuando los aranceles han sido proscritos en la globalización de la omc. o sea, que ya no queremos ver actrices en la tele, queremos ser nosotros quienes nos exhibamos en la caja, mayormente porque los demás nos quieran (o será que nos envidien?), que mamá está a lo suyo y le cuesta seguir poniéndonos buena cara, no por nada se dice que quién mejor te conoce es la madre que te parió, y así, claro, no hay manera de ser querido, más si mamá anda en busca de novio y gastando en subirse las tetas.
otras razones, del surgimeinto nacionalista, en el caso español, son aún más comprensibles, en este mundo competitivo de siempre, pero también menos expuestas al público, al que tanto quiero y tanto me quiere. no sé por qué, o sí, pero así es. o sea, partidimos y funciones públicas acaparadores de las mejores casas y los mejores sueldos, para tomar y para repartir, clientelismo.
pero lo esencial, por más poderoso, también tiene que ver con la competencia mundial. ya lo creo. lo dije hace tiempo, permítaseme que desde mi soledad, que mamá se va a biarritz y está a lo suyo, yo mismo me reivindique. a nuestros vecinos norteños no les bastan los pirineos, que ahora el internet ese los elude sin daño y con poco esfuerzo (aunque unos pocos camioneros bien colocados joden a rabiar y ponen lo virtual a los piés de lo real, como debe ser, coño, o no?), y prefieren tenernos distraídos, que los niños no deben molestar a los mayores mientras comen, y para eso lo mejor es tenerles entretenidos: basta con una rueda y un cartón, o una pelea, oyes tú, que nada como una buena pelea para distraer los ánimos. nenes, al recreo, a pelear, que papá tiene que trabajar, uy, comer, quise decir.
a mí lo que me sigue asombrando, flabbergasting, es el gusto y la facilidad con que el niño se pelea, uy, se distrae quise decir. incluso cuando el niño parecía ya crecidito. más si se cuenta con todo un país para distraerse, pues anda que no hay peleas que montar entre tantos, uff ... y, mientras, el mundo corre por la vera, pero los niños pasan, que anda que no mola una buena disputa.
pero que por mí no quede: el problema no son los etarrillas, sino sus papás y, sobre todo, el jefe de sus papás, que para algo, que él bien sabe, paga el sueldo.
pues eso.
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