Thursday, May 30, 2013

En Oriente Próximo lo tienen claro: en Europa no hay quien viva

A los 87 años, el pasado enero falleció Zvi Yavetz, israelí de origen rumano, historiador del Imperio Romano (centrándose en la plebe más que en los emperadores) y fundador de la Universidad de Tel Aviv, desde la que animó y guió a muchos que luego han sido grandes profesores e historiadores, como Shlomo Ben Ami, exembajador de Israel en España. En un pequeño obituario sobre Yavetz que sus amigos escriben para la ocasión, destacan su característica definidora con una cita del fallecido:
Mi fiera oposición a los reglamentos rígidos no se deriva de una falta de principios. Al contrario, yo quiero estar sujeto a unas cuantas reglas básicas, pero a lo largo de mis años en la Universidad de Tel Aviv me negué a ser esclavizado por reglamentos cuyo único propósito era hacer la vida más difícil al individuo y más fácil a la Administración.
En 2005, Peter Grimsditch, libanés de origen británico y director del periódico libanés Daily Star, decía que en Beirut florecía una "anarquía civilizada" y, además, comparaba la vida en su ciudad con la vida en Europa; así:
No he estado en ningún otro lugar del mundo [se refiere a Beirut, claro] donde haya sentido una menor opresión del estado sobre mí. Europa es absolutamente insoportable.
En Europa tendemos a mirar el Oriente Próximo, y a sus habitantes, con condescendencia. Pero, como vemos, aquellos de nosotros que se fueron para allá, no querrían volver para acá. Y lo peor es que su crítica no puede ser más atinada.

Como bien han sabido siempre los comerciantes de crecepelo y jarabe curalotodo, para vender lo invendible hay que apelar a los deseos más básicos del consumidor, engañándole.

Con ese método bien aprendido, los estados europeos llevan años aniquilando el libre albedrío de sus ciudadanos. Podemos afirmar que las personas en Europa nunca hemos tenido menos libertad que hoy; que nunca el estado ha sido más opresor. Sin parangón. Y sin matices. Por supuesto, todo ello con la excusa de ampararnos frente a los poderosos, de buscar nuestro bienestar.

Pero la realidad es que el único beneficiario de la opresión estatal es la comodidad y bienestar del administrador, no de los administrados.

La jungla regulatoria, tan voraz y expansiva como la jungla vegetal, ha acabado con las personas y ha impuesto inmesericordemente el rebaño. Por eso nos ocurre como a las ratas del Flautista de Hamelín, que alegremente caminamos a nuestra muerte siguiendo la música con que el iluminado pastor de turno nos embelesa.

Salir de ese encanto es cada vez más difícil pero a la vez más imprescindible. Si no lo hacemos acabaremos todos bien ahogados, irremediablemente.

Tenemos que exigir que las reglas que hayamos de seguir y se nos puedan exigir sean pocas, como los Diez Mandamientos, y, ojalá, bien elegidas, aún a costa de ponérselo más difícil a la Administración, incluso de disminuir nuestras falsas certezas y seguridades.

Claro que es más fácil recaudar impuestos si la Administración puede entrar libremente en nuestras casas y si hemos de comunicarle incluso cuando vamos al baño, en el correspondiente formulario legalmente aprobado, claro está, pero eso conlleva necesariamente acabar con nuestra creatividad convirtiéndonos a todos en contables y funcionarios, en rebaño. Y lo peor es que si bien muchos son aptos para serlo otros muchísimos carecemos de la menor aptitud para ello y, por tanto, nos amargamos y finalmente nos ahogamos en un mar de insatisfacción y desesperación.

UPDATE: el expresidente Aznar parece coincidir con el diagnóstico, o al menos eso parece deducirse del titular de un periódico que da cuenta de su intervención en el Club Siglo XXI, Aznar exige un sistema fiscal "al servicio de la sociedad, no de la administración", donde dijo:
"Nuestro sistema fiscal no se adapta a la sociedad de hoy. Es necesario cambiarlo y ponerlo al servicio del empleo y del crecimiento, no al servicio de las administraciones".
UPDATE: y, como nos advierte el profesor Jonathan Turley en el Washington Post, lo cierto es que en todos lados cuecen habas, que EEUU no se diferencia gran cosa de Europa, en lo esencial, pues allá aún queda un mínimo de vergüenza, aunque no tanta, y un bastante de sociedad activa:
“nuestro cuidadosamente levantado sistema de controles y equilibrios está siendo ninguneado por el surgimiento de una cuarta rama de gobierno, un estado administrativo de crecientes departamentos y organismos que gobiernan con creciente autonomía y decreciente transparencia. (...) la mayor parte de las normas... no son aprobadas en el Congreso sino emitidas como reglamentos, elaborados en gran medida por miles de burócratas innominados e inalcanzables. ... [en 2007] el Congreso aprobó 138 normas, mientras que los organismos federales [- de los que ahora hay 69 -] aprobaron 2.926 reglamentos.”
Con ocasión del descubrimiento de la captación de datos de operaciones teléfonicas e internet ordenada por la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU A. Barton Hinkle señala:
"El estado administrativo se está haciendo con el control no solo de la función legislativa, también de la judicial: Turley publica que 'es 10 veces más probable que un ciudadano sea juzgado por un organismo que por un auténtico tribunal.' Y tal repugnante organismo, como quiera que se llame, no se para en la frontera del estado federal."
"(...) Los políticos vienen y se van [no tanto, digo yo, que algunos se quedan hasta que los enterramos]; pero los organismos autónomos y la vigilancia masiva han venido para quedarse. Las elecciones siguen siendo bastante importantes en EEUU, pero ahora son menos importantes de lo que lo fueron - y menos de lo que deberían."
Bien lo sabemos en España: no se para ni por arriba (de la Unión Europea, ONU, OCDE, FMI, ...) ni por abajo (de las CCAA, Diputaciones, Ayuntamientos...). Ya nos gustaría a nosotros tener solo 69 de esos organismos de que habla Turley.

Aviados vamos. Avisados también.
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