Friday, October 08, 2010

No cabe nación dentro de otra nación

Como nos recuerda Ehud Manor, el 28 de septiembre de 1789, durante la Revolución francesa, Stanislas-Marie-Adélaïde, conde de Clermont-Tonnerre lo expuso con claridad, brevedad y precisión encomiables:
"No puede haber una nación en el seno de una nación."
En concreto lo dijo al tratar el acceso de los judíos a la ciudadanía francesa, pero lo hizo aplicando una idea general al caso concreto. Yo lo traigo aquí en relación con España y Cataluña.

La idea es formidable. y, en mi opinión, muy atinada.

Se asienta en diversos hechos entrelazados difíciles de refutar: las personas necesitamos actuar en grupo (por muchas razones y diversos objetivos), la gestión de grupos es dificilísima, los grupos tienden a la autodestrucción, los caballos de Troya suponen un riesgo máximo para la defensa común, etc.

El concepto es tan nítido que apenas requiere exégesis.

Por supuesto, no soy de los que creen que los 'nacionalistas' catalanes quieran una nación dentro de otra, pues no me cabe duda de que lo que quieren es una nación independiente de otra, y por lo tanto el concepto del conde francés carece de utilidad alguna frente a ellos.

Solo tiene utilidad, si la tiene, para intentar hacer reflexionar a los tontos útiles que siguen apostando por la traición incorporada en el Título VIII de la Constitución española, génesis del monstruo que hoy nos come y perjudica.

Casi dos siglos antes, el conde lo tuvo claro, y lo dijo, y por eso no tienen ni excusa ni perdón los gestantes de la Constitución de 1978, ni quienes la votamos: al reconocer nacionalidades dentro de la nación era imposible que la criatura creciera bondadosa, la monstruosidad era ineluctable.

La llegada de un Presidente que pensara que eso de la nación era algo discutido y discutible, además de cantada, solo ha sido la guinda del pavo.
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