Friday, June 04, 2010

Inflexión

"[h]istory is not a straight line."

Pocas obviedades me han impactado tanto en la vida como esa frase de Martin Kramer, que hace ya tiempo leí en una entrevista que le hacen con ocasión de presentar el Shalem College (ya me gustaría estar cualificado para estudiar ahí; ya me gustaría que en España hubiera una iniciativa parecida), del que le habían designado Presidente.

El contexto en el que pronuncia esa frase es:

Kramer paused and unfolded a handwritten quotation that he’d copied from an interview given by former prime minister Ehud Olmert to Haaretz and read it to me: “If the day comes when the two-state solution collapses and we face a South African-style struggle for equal voting rights [among Palestinians in Judea and Samaria], then, as soon as that happens, the State of Israel is finished.”

Kramer appeared quietly incensed. He said, “I thought to myself, well, certainly the early Zionist leaders knew that there was a tremendous demographic disadvantage. They were very much tilting against reality on the ground, and yet they didn’t despair. Because they knew something, I think, through their reading of history that perhaps this particular leader didn’t know. That history is not a straight line.”

Efectivamente, la historia no es una línea recta. Y aunque hay grandes estudiosos de los comportamientos humanos, lo cierto es que la historia hace frecuentes tirabuzones, como también los hacen las tendencias y modas dominantes, sin que sepamos muy bien por qué: no se producen al azar, claro, pero no acabamos de entenderlos ni manejarlos.

Creo que el reciente evento de la flotilla ha puesto de manifiesto uno de esos giros históricos en la percepción que de Israel se tiene en Occidente. De hecho intuyo que ese giro forma parte de otro mayor: el de la percepción que Occidente tiene de sí mismo, de su ubicación en el mundo.

Sin embargo, no creo que se haya hecho patente, al menos yo no he leído nada al respecto.

Vayamos por pasos.

La flotilla ha generado tal disparte de declaraciones y manifestaciones, fundamentalmente periodísticas pero también políticas, denigrando la actuación israelí que era ineludible que se produjera un rechazo de excesos tan desatinados y desproporcionados.

No obstante, todos los que defendemos o nos interesamos por las causasa israelí, sionista o judía nos hemos sentido obligados a difundir mil y un datos y obviedades (destacadamente videos, declaraciones, hechos, etc.) para poner en su justo sitio el desafuero mediático desatado.

Pero lo cierto es que en Occidente, aunque nos dejamos engañar constantemente, a menudo interesadamente, hace tiempo que estamos al cabo de la calle de las acciones generadas solo para llevarnos al agua, como a los gatos.

Y, en este caso, las intenciones de la flotilla eran evidentes desde su origen.

Y hace tiempo que los comunistas (o antisistema o antiglobalización, elija usted) llevan tocándonos las narices asignándose la condición de pepito grillo de la conciencia occidental, atribuyéndose en exclusiva la bondad humana y, claro, cargándonos a los demás con el correlativo yang de la maldad... eso sí, viviendo a costa del trabajo de malvados.

El juego les funciona, pues que siempre hay algún motivo para la mala conciencia... a menudo con razón.

Los comunistas antisitema siempre han usado sus soflamas anti Israel como seguro banderín de enganche, con la justificación de defender los derechos de los oprimidos por tan mala gente. Les ha funcionado bien, muy bien.

Pero cuando han pasado a actuar como colaboradores activos de los islamistas, subiendo varios escalones de golpe, participando activamente en sus acciones, nos han hecho conscientes a los Occidentales no solo de lo que debe llevar Israel sufriendo tanto tiempo en soledad (acaso con la compañía menor de los 'americanos' y los 'capitalistas') sino de la basura que esa gente viene irrazonablemente haciéndonos tragar, por los pecados y desafueros contra la humanidad pasados y presentes supuestamente cometidos por nuestros antepasados y por nosotros, e incluso por los futuros que cometerán nuestros hijos.

Creo que ha sido la gota de exceso que ha colmado el vaso... y que nos hemos dado cuenta, por más que los medios y políticos vayan a tardar un tiempo en darse cuenta de que el viento ha rolado.

De hecho, pasado el maremágnum inicial, parece que casi nadie hace el menor caso de los excesos declarativos 'de los sufridos pacifistas' retornados a sus países, tras su liberación y después de pasar por Turquía para celebrar su 'victoria.' En España, parece que les han recibido sus mamás y sus papás y, claro, los 'intrépidos periodistas', que no tenían otro remedio, pero que seguro que conocen el percal mejor que nadie... y, claro, los 'intrépidos periodistas', que tan 'profesional y correctamente' nos exponen la miseria humana... con el mejor de los ánimos y las más elevadas intenciones, claro.

PD Siempre he pensado que el no hacer aprecio de ciertas cosas era la mejor manera de quitarles relevancia, de despreciarlas, pero la portada del 5 de junio de El Mundo, sumada a la portada del día de la flotilla, han colmado mi paciencia. Hace tiempo que me viene desagradando mucho y a menudo mi periódico. Pero ahora han colmado mi paciencia definitivamente. Adiós Mundo. Como no he encontrado el enlace a esa portada en su versión electrónica, os remito a un artículo de Luis F. Quintero en LD, a quien también le ha llamado la atención la deriva de lo de Pedro J.

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