Sunday, February 28, 2010

Gota a gota antisemítica, tortura izquierdosa y permeabilidad social

La noticia la titularon así (LD, 24 feb): Un joven judío, agredido en Madrid por una mujer que presumió de ser del PSOE.
El pasado 1 de febrero Rubén, un joven español de religión judía que viste del modo tradicional jasídico, fue abordado en plena Castellana madrileña por una mujer que empezó por insultarle y acabó agrediéndole físicamente. Cuando la llamó nazí, la señora dijo: "No te equivoques, yo soy del PSOE".
Al hilo de esa noticia, el mismo periódico digital publicó una Tribuna libre de Manuel Sánchez: Soy judío, ¿y qué?
La señora que agredió a mi amigo no me preocupa. Es una infeliz. Me dan miedo los intelectuales a la violeta de las tertulias, los sesudos analistas, los dirigentes políticos y sindicales, los “intelectuales” (¿existen en España o son tertulianos asalariados?), y los “abajofirmantes” (una legión entre nosotros: conformistas de toda ralea).

En resumidas cuentas: más que esa señora me dan miedo los bien pensantes del sistema y los medio pensadores/mediopensionistas; aquellos que están dispuestos a nadar a favor de la corriente, porque su acomodaticia cobardía consciente es el caldo de cultivo del fascismo cotidiano que nos amenaza.
Lo primero que llama la atención es el lapso entre el suceso y su publicación (24 días), y ello al margen de la escasa difusión de la noticia.

Lo segundo es la rapidez con que la agresora de turno se acoge a sagrado y acusa al agredido de agredirla -quienes tenemos la desgracia de trabajar en eso que con grandilocuencia digna de mejor ocasión llamamos justicia sabemos que la tipa sabía lo que hacía: probablemente pertenezca a la comisión parlamentaria de libertad religiosa o de derechos fundamentales.

Lo tercero, y más grave, es la anihilación y cobardía sociales (Manuel, con fuerza y digna rabia, pero más condescendientemente, habla de conformismo) que hace que nadie de los presentes reaccione ni defienda al agredido ni se le ofrezca para dar testimonio de lo ocurrido.

Pero no nos engañemos, eso pasa no solo con los judíos ni con lo judío, aunque en estos casos es aún mas grave. Ni ocurre de repente.

Es fruto de un gota a gota izquierdoso (el antisemitismo y el antisistemismo de derechas parecen un tanto arrinconados, aunque vaya usted a saber) que desde hace ya muchos años viene permeando la sociedad (y no solo con antisemitismo, pues que éste más parece parte de un 'anti nosotros' más genérico), a la que ha llevado a grados de inanidad e indignidad, personal y colectiva, inigualados en la historia (o apenas) y que chorrean por todos lados.

Aunque, Pérez Reverte no lleva razón (creo) cuando nos mete a todos en el mismo saco de la hijoputez histórica, sí la lleva cuando afirma que la Ley de la Memoria histórica es como armar a un grupo enloquecido e inculto en extremo (con la peculiaridad novedosa de que para más escarnio encima sus promotores y sus aplaudidores se creen lo-las-de-lo-las): si esto hacemos con nuestros padres y abuelos, qué no haremos con los judíos.

Pero no solo es esa Ley, son años de leyecillas, decretillos, jueguillos, juececillos, empresillas, grupillos, partidillos y otra basurilla los que han venido calándonos con su mala baba, ninguneando y ridiculizando a quienes tenían algo que decir y entronando solo a quienes hacían coro o venían a por algo, para llevárselo, claro.

Cada vez que recuerdo cómo FG, por puro interés de control, se sacó aquello de que la TV era un servicio público (lo público, claro, era su empresa) me altero al percatarme con qué facilidad se nos roba la esperanza de que con otras leyes podamos cambiar las cosas: la Ley es un vagón trasero, necesario, pues que ahí se lleva el freno, pero la máquina es la moral: y el valor y compromiso personales son elementos constituyentes de la moral, son la máquina de la máquina.

Vivimos, especialmente en España, en una sociedad inmoral, y no porque follemos a destajo y con la cuñada (que nunca se ha presumido tanto con menos razón), sino porque somos cobardes y nuestro compromiso se acaba en el bar o en el banco, porque lloramos por el niño negrito haitiano y al vecino lo descojonamos, de palabra y obra.

Lo peor es que Manuel Sánchez tenga que escribir lo que ha escrito, lo peor es que otros nos obliguen a ponernos la kipá cuando nunca habíamos sentido la necesidad de hacerlo, lo peor es que la indignidad nos haya calado hasta los huesos.

PD Al rato de escribir esta entrada, leo otra noticia -en LD y también aquí y aquí- que en parte explica por qué ocurre lo que ocurre en España:
Este medio informa que la embajada israelí en Madrid ha recibido docenas de postales, dirigidas al embajador Rafael Schutz, de niños de entre 5 y 6 años de edad, que incluyen frases como "Los judíos matan por dinero", "evacuar el país para los palestinos" o "ir a algún lugar donde alguien esté dispuesto a aceptaros", mensajes que Israel considera "de extrema gravedad".

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