Saturday, October 04, 2008

Urtain


Javier me llevó la otra noche, bien acompañados por Cristina y Susan, a la plaza de Lavapiés, a ver lo de Urtain, que iba sobre Urtain (sus combates).

Como dicen que quien algo quiere, algo le cuesta, la cosa empezó por escalar unas empinadas y estrechas escaleras hasta alcanzar el ring. Di gracias a mi reciente régimen y plan de ejercicios, pues en otro caso me habría quedado a medio camino y me habría perdido el espectáculo.

La verdad es que, aunque hace ya un tiempo de su estreno, yo no conocía este teatro, al que llaman Valle Inclán, ¿por qué será? La última vez que estuve ahí (viendo Las criadas, de Genet, con Nuria Espert, Amparo Baró y Julieta Serrano, quiero recordar) aún se llamaba Olimpia y no había sido reconstruido.

En cualquier caso, Lavapiés no deja de llevarme a mi pasado, cuando me buscaba la vida (y la muerte, sobre todo la muerte) en la calle... y esta ocasión no fue la excepción.

Ya en la sala, ¡uffffff!, nos enfrentamos al ring. Nuestras entradas eran magníficas, aunque lo pequeño de la sala asegura buenos asientos a todos.

El público, un tanto sorpredente para lo habitual en los teatros, incluso en las producciones del Animalario, pues realmente había muchos chicos jóvenes completados con falsos jóvenes de 40-50 años tipo progre, votantes habituales del psoe y lectores enganchados a eso a lo que algunos llaman, o llamaban, periódico independiente de la mañana (en otras palabras, lo que ahora, injustamente, llaman pijo-progres, pues que debieran llamarnos progre-acomodados - me incluyo, aunque no debiera, para que se vea que no pretendo ofender, solo describir, pues que yo, además de poco acomodado, corro bien por la banda de los conservadores ultraliberales, lo que esos progres que me acompañaban suelen llamar, con su persipicacia habitual, fascistas o neoliberales, según su ánimo, más o menos ofensivo... todo lo que no sea como ellos y les plante cara es fascista por definición, claro).

Pues bien, mi público acompañante se rió mucho con el espectáculo, especialmente cuando los actores decían algo sobre la sosería (ellos entendían tontería) de Franco. Yo no comprendí sus risas, pero eso no me extrañó, y además cada cuál se ríe de lo quiere, faltaría +...

La obra nos quiere mostrar cómo el poder no duda en echarnos carnaza espectacular al populacho, por eso de tenernos entretenidos. Plebe que, por otro aldo, pide la carnaza (qué digo pide, ¡exige!) a voz en grito y con impaciencia: ¡panem et circenses!

Pero la plebe no se contenta con cualquier bicho, exige alguien peculiar a quien previamente se haya entronado adecuadamente: Urtain, un suponer de los 60 y 70, Maradona, un suponer de poco después, o Alonso o Nadal, un suponer de ahora.

Cuando ese cebo no está preparado para entender lo que le ocurre, ni su entorno es capaz de ayudarle, tenemos un muñeco de trapo al que el poder que lo entronó y la plebe que lo halagó y sobó no dudarán en abandonar a la vuelta de la esquina, juguete roto digno de mearle encima... y de escupirle (da igual si con baba maldicente o con halagos pseudo-conmiserativos)... y lo que es infinitamente peor: ¡ignorarlo!... solo describirlo me está produciendo un asco infinito, ¡aggggggggggggg!

Pue sí, la obra iba de eso. Me resultó un cognazo... pero fue el cognazo teatral español mejor y más originalmente dirigido que he visto en años.

Al parecer, el director, Andrés Lima, es lolás de lolás en lo suyo en España... pues no me extraña... hace un trabajo fenomenal tanto con el texto (que me dicen es suyo también) como con la puesta en escena y la dirección de los actores... fenomenal don Andrés. También me gustó mucho Luis Bermejo, que hace de Raphael, Manolo Alcántara y otros. Roberto Álamo, que encarna a Urtain, hace un muy esforzado trabajo y cuando representa al alcohólico sonado lo hace de maravilla. La mejor, no obstante, fue la niña de las estrellas en el ombligo, Luz Valdenebro, que con su sonrisa me ayudó a entretenerme como ningún otro, y que puso el mayor empeño en demostrar sus dotes de actriz... que para mostrar sus otras dotes no necsita esfuerzo alguno.

Yo no conseguí entender (al menos preferí no entender) por qué el folleto de presentación, e incluso los promotores del espectáculo, se empeñaban en vincular la historia que nos iban a contar con Franco, ese tipo ridículo, faltaría +, pero lo cierto es que el empeño existía, por más que fuera realmente ridículo... y esclarecedor.

Al terminar Javier y Cristina nos llevaron, calle y cuesta arriba, a un chiringo de vinos, donde rompí mi dieta y disfruté de buena cecina, buen pan y mejor torta del Casar.

Gracias Javi.
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