Saturday, August 02, 2008

alzahra

Larri nos invitó hoy a comer en Alzahra, el restaurante de la mezquita de la M-30 de Madrid, la gran (por tamaño) mezquita wahabí madrileña. Se lo había recomendado su vecina, la arquitecta bonaerense Pallita (hola, amiga).

Fuimos con ilusión, pues que a todos nos gusta la comida árabe y sentíamos curiosidad por visitar la mezquita... a la que nunca habíamos ido a pesar de estar al lado de casa.

La comida no estuvo mal, ni bien... pero hubiéramos preferido seguir fantaseando con un desconocido esplendor interior, de las mil y una noches o del generailfe... a saber que ahí adentro solo hay espacio para lo feo y horrible, se mire por donde se mire.

La visita a esta mezquita acaba con cualquier veleidad islamizante que uno pueda sentir.

En segundos se pone en su sitio eso de que la mujer en el islam es igual... (en el mismo restaurante repartían un folleto con ese falsario lema propagandístico). Aunque los islamistas empiezan a acusarnos de usar este asunto para desestabilizarles.

En la cafetería no había mujer alnguna, ni con velos ni sin velos (en la sala de oraciones ya sabemos que no caben junto a los hombres)...

Lo que hasta cierto punto me llamó más la atención e interesó fue el nombre elegido para el restaurante. La mezquita de la M-30 se construyó y sostiene fundamentalmente con el dinero de los suníes wahabitas de Arabia Saudí.

Pero Alzahra es un nombre especialmente querido por la competencia, sus acérrimos enemigos los chiíes persas, especialmente por los fatimíes, seguidores de la hija de Mahoma, Fatima Al-Zahraa (c. 605–632), de donde viene ese sustantivo. Como una búsqueda en la Wiki nos mostrará en milisegundos, en Persia hay innumerables instituciones con este nombre... y los primeros resultados que se nos ofrecen corresponden siempre a sitios iraníes. Incluso el mayor cementerio de Teherán, al sur de la ciudad, lo lleva en su nombre: Beshesht-e-Zahra (y tiene estación de metro, al lado del mausoleo de Jomeini).

Bien es cierto que en España ese nombre también recuerda a la Medina Azzahra cordobesa, joya del califato de la época, sobre la que mi abuelo Pedro Fernández de Santaella escribió su tesis doctoral en Caminos, allá por la primera mitad del siglo XX, como la guapa Loli nos recordó hace unos años al publicarla en una elegante y austera, valga la redundancia, edición a la que ya me referí en algún post antiguo (y cuya portada vemos aquí al lado).


Medina Azzahra a la que ahora ya llaman Medinat al-Zahra, quizá con razón, no sé, la ciudad palaciega fundada en Córdoba por el califa Abd al-Rahman III.

Nada que ver la elegancia cordobesa azzaharí con el horror interior de la mezquita de la M-30. Prueba de que, sin lugar a dudas, se puede ir, y a menudo se va, a peor.


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