Friday, July 25, 2008

Presidente de los suyos y boberías sociatas

Algunos se asombran de las bobadas que sostiene ZP y de la cara de bobo con que las sostiene.

No han entendido, o no quieren entender, (1) que ZP se dirige solo a los suyos, (2) que los suyos solo aceptan escuchar bobadas, mejor si (3) dichas con cara de bobo (para no sufrir envidia ni menoscabo a su orgullo).

Para mi, la decepción sufrida con el PP, y luego con los cobardicas disidentes del PP, ha supuesto en el fondo una gran liberación.

Desde mediados de 1983 vengo oponiéndome activamente al PSOE y, desde algo más tarde, a las bobadas socialistas, sean estas comunistas, retroprogres o izquierdosas sin más.

En realidad esa oposición no es sino la otra cara de mi lucha para defender España, la primera, y la civilización, la segunda.

Mi frente anti-PSOE/Pro-España me condujo irremediable y torpemente a los brazos del PP... mi actual liberación, tras años de cadenas, me ha traído gran descanso y alivio... también una cierta pena, pues que la falta de fe en tus congéneres, e incluso cierta misantropía, es fruto no poco amargo.

Y esa liberación, y esto es lo importante, también me ha traído un fruto mucho más jugoso: libertad para afrontar la lucha esencial, antes parasitada, contra las falacias socialistas, tanto las ilustradas como las boberías de chichinabo que con tanta fruición se repiten por doquier.

No será una batalla sencilla, que los oídos están bien entaponados y abrir en ellos un mínimo conducto para que la voz se abra paso será labor de titanes, pero desde luego será infinitamente más prometedora que el conflicto partidista, pues que será batalla que no necesite ni intermediarios ni, y esto es lo esencial, depositarios encargados de dictar el reglamento de ejecución (¡maldito Romanones!).

Tendremos que empezar por distinguir entre la teoría socialista y la palabrería sociata. Ambas deben ser enfrentadas, pero sin confunidrlas. Las primeras rigen la lucha, pero las segundas son su instrumento de aplicación esencial.

Para esta lucha no podemos olvidar los principios, la moral, pues sin ellos la palabrería adquiere imperio y se vuelve (como estamos cerca de que ocurra) invencible, sino es con el uso de la violencia más extrema.

Y la moral hoy, como siempre, no es asunto fácil ni está libre de laberintos y precipicios.

El ser humando se enfrenta no ya al reconocimiento de la naturaleza y los otros seres como sujetos de derechos propios, sino al examen de su propia condición en un mundo en el que la producción industrial de seres humanos está a la vuelta de la esquina (y ya en marcha en algunos sótanos, silos y azoteas avanzados): ¿será el ser humano producido industrialmente sujeto de derechos o producto industrial? ¿Habrá torneos open de humanos naturales puros y humanos mas o menos industrales o cada grupo tendrá torneos propios? ¿Deberán unos llevar estrellas de David para distinguirse y señalarse? ¿Serán todos igualmente elegibles para los cargos públicos? ¿Se impondrá mediante castigos extremos el control de los límites de la industrialización del humano (¿quién arrendaría estas ganancias?)? ¿Tienen consciencia y derechos las máquinas industriales inteligentes? ¿Y las tontas? ¿Se sobreprotegerá a las tontas? ¿Y a las débiles o a las anticuadas?


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