Sunday, January 22, 2006

como te iba diciendo...

no hace tanto, aunque ya hace un tiempo, un imbécil impecable, acompañado de su mujer, que asentía como si dios la iluminase, me lo dijo con aplomo: es que los animales tienen una sanidad diferente a la nuestra. así justificaba que el conjunto de modélicos ciudadanos, ejerciendo su tiranía cuando pueden, pocas veces, menos mal, esto es, en las juntas de sus comunidades de pobretarios (cuchi dixit), pretendiesen que willy y francisco tuviesen que usar el montacargas y, así, dejasen de disfrutar de la basura y los aromas corporales y no corporales que ellos dejan en sus ascensores principales al pasar.
francisco hace tiempo que, en situaciones semejantes, y no obstante darle igual un ascensor que un montacargas, ya considera un deshonor tanto (a) responder con cortesía y amabilidad a la osadía de los tiranos impecables (que los folle un burro!) como (b) razonar con ellos (que los sueños de la razón, sueños son... como es absurdo que el punto alcance a verse parte de la línea). con lo que ha llovido, válgame dios.
a las pruebas que os acompaño, meros botones de muestra del ingenio animal, me remito. evidentemente, para entonces ya conocían el fuego. pero ¿a los personajes de cuál de las dos viñetas me refiero? ...
a todos ellos, claro. lo inconcebible es que, con tan excelentes antecedentes, andemos donde andamos, entre el montacargas y el ascensor. carajo, esto es más difícil de lo que parece.
sísifo, hoy, no solo habría de subir una y otra vez la bola, sin jamás alcanzar la cima que casi ocupa con el aliento de su inútil (¿o no?) esfuerzo... a sísifo, hoy, la bola, en su caída, le acertaría siempre en la cabeza, reventándosela. eso sí, le dejarían, más bien le animarían a, grabarlo en vídeo y enviárselo a los amigos en vivo y en directo, por mms, faltaría más.
saint tropez
, francia.

PD: como la sensibilidad hoy, como ayer, está a flor de piel respecto de ciertos temas (cada época tiene los suyos, como los maestrillos sus librillos), y para evitar interpretaciones ajenas a mi ánimo y no dejar duda sobre mi falta de intención discriminadora por razón de sexo, aclaro que la mujer del imbécil impecable también era, ella misma, otra imbécil impecable.
PPD: coño, y no me puedo resistir, lo he de decir, la anécdota, una más, ocurrió en lugar santo, bueno, con denominación de santo, de santa más bien, que la cosa aconteció en la lenocinial y madrileña calle de sor ángela de la cruz. apenas dudo de que la sonrisa divina será irónica. solo deseo, creo, que no sea ironía desesperada.
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