Thursday, November 17, 2005

un dedito nada más, por favor

me rindo. el cubolibre está desatado. os dejo con su última cubocosa que viene sola. el título del post también es el suyo, tan solo se lo he minusculizado, cuestión de estilo puramente, marcaje de territorios no más, que por su contenido las mayúsculas le son bien debidas. pedro j debiera quitármelo de encima, al cubolibre claro está.

¡Estamos siempre equivocados! Un exceso de datos apócrifos, suministrados por los otros o inventados por nosotros mismos, nos modela. El maricón más famoso de todos los tiempos no lo fabricó la contracultura hippie de los ' 60, lo estampó Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina en ese Adán dándose el dedito con un Jehová barbado y sodomita.
Y para insistir en eso del Eros y los sexos en el medio de todos los juicios, incluido el último, vaya la noticia extraordinaria de que la culpa de los desórdenes en Francia la tiene nada menos que el exceso de mujeres.
Hoy, para beneplácito de todos, asistimos a un estremecedor despliegue de sensibilidad hacia las víctimas del mundo, bueno, hacia ciertas víctimas de cierto mundo. Nada menos que la Unión Europea se preocupa hoy por los presos de las cárceles iraquíes, presumiblemente torturados. Junto a esa noticia, hace escándalos esa otra, algo anterior, de los reyes de España (que no van a hacer, por dignidad aparentemente, society business con su homólogo monasgo) haciéndole, sin embargo, mimos al dictador chino de turno, y todo por unas naranjas (¿lentejas?).
Sí, ahora, de golpe y porrazo, nos preocupa la suerte (la mala suerte) de los presos iraquíes. De ese país que hace dos años tenía miles de personas pudriéndose en los calabozos de Saddam Hussein, amén de otros muchos diseminados por esa extensa tumba a cielo abierto que es el Kurdistán, sin que a nadie se le levantara una ceja de puro asco. ¿Y eso, cómo ha sido?
Ha sido que un país malvado ha puesto allí sus manos. Ese país espléndido que hace, entre otras muchas cosas buenas, cosas feas, como llamar la atención del mundo con sus horrores. ¡Benditos horrores que no se cocinan ya en las oscuras marmitas (o mazmorras) del Poder impenetrable sino que salen al órdago de la opinión pública, sea de la signatura politica que sea!
¿Cuándo ocurrirá que una llamada de atención semejante ponga al descubierto los desmanes de Castro, ahora en contubernio con las trapisondas de Chávez (Coincidencia peculiar: ¿sabíais que la moneda alternativa de curso legal en Cuba se conoce popularmente como "chavito"?), la balanza social de la supuesta superpotencia china donde 800.000.000 de seres en esclavitud sostienen a 500.000.000 en un capitalismo tan auténtico como el de sus modelos pero mucho menos eficiente (¡Qué curioso que el capitalismo chino sea el único que no es aborrecido por la izquierda internacional porque se ha convertido en la última conquista del proletariado!).
POR FAVOR, que algo suceda para que de pronto, tan de pronto como la invasión de Irak y no necesariamente al mismo precio, esas verdades comiencen a preocuparle al mundo, a todo el mundo, de igual manera que ahora preocupa la suerte de los presos iraquíes. El poder de cambio sobre todo aquello que los EE. UU. no sólo tocan sino pretenden tocar, es tan intenso, que precediendo a la invasión ya hubo "voces sensibles" dispuestas a viajar a Bagdad para hacerse fotografías de familia con el Asesino Jactancioso y clamar en contra de la guerra, enarbolando con esa actitud su desinterés por miles de cadáveres y torturados en tiempo presente, sólo para demostrar su interés por una cantidad equivalente en condición de futuro. Así es la izquierda europea, tan sensible como desubicada.
Allí donde el poder de los Estados Unidos aparece, se vuelven los ojos del mundo, igual que ocurre con su música y su filmografía. Y, de contrabando, la sensibilidad del mundo se acrecienta. Aquellos, hasta entonces, "extranjeros pintorescos" se vuelven, súbitamente, víctimas. La indiferencia se convierte en indignación.
Sí, POR FAVOR, que algo suceda y, si fuese menester, que pongan los Estados Unidos sus manos allí, sólo para llamar la atención, sólo para eso.
¡¿qué digo yo sus manos?! ¡Uno sólo de sus deditos!
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