Thursday, May 26, 2005

la secuencia de hamelin y cossío

no debía ser ni 1983 cuando decidí no volver a votar al tipo. hacía poco le había votado, como muchos otros (y tantos!).
motivos tuve mil, supongo, siempre estaba cargado de razones, pero de los que tuve, si tuve, apenas me acuerdo.
diría bobadas, aunque por entonces tenía más neuronas vivas, seguro.
pero sí recuerdo, porque a pesar de mi natural olvidadizo los rescoldos eran abundantes, abrasivos,
recuerdo, digo, la rabia que me dió sentir cómo, delante de mis narices, un trilero dejaba sin el menor significado esas palabras con que tanto se nos había cebado, y a las que, claro, nos habíamos acostumbrado.

todavía recuerdo a cossío sonreír mientras me veía alzar el puño cantando la internacional, yo, que venía de facha, en la casa de campo, en lo del pc. de ahí me fuí a ver a verstringe, a silva 7, por ver de hacer algo. él, cossío, no verstrynge, estuvo un rato en la ort. les reconoció que eran muy serios para él. yo tampoco resistí apenas. me fuí poco después de una reunión cerca de la gasolinera de jumbo.
lo nuestro, como lo de casi todos, era algo más sexual, más sencillo.
vaya lío. (aunque ese lío parece muy concurrido)

esas palabras abrevadas hasta la saciedad pueden,
como los mandamientos católicos, pero más a lo bestia,
resumirse en uno (o una)
¡viva el atleti!
y dos (o dos), reverso tenebroso,
¡escucha, cabrón, atleti campeón!

(cossío era del atleti, yo no, él no decía esas cosas, lo suyo era más gozoso, todo lo más un árbitro cabrón, más que nada guasón, para calentar,
cossío, digo, me llevaba al manzanares, que todavía no era lo de gil, ¿o sí?,
a ver al negro pereira, ¡qué bueno!,
aquél que desde su altura sonreía a los frustrados delanteros contrarios)

retomando el hilo,
esas palabras de más arriba en moradilla no son consecuencia de simpleza alguna sino precisamente de nuestra complejidad y unicidad
(unicidad, de que cada uno somos un uno único, nos pongamos como nos pongamos).

solo reflejan esperanza y miedo.

y el robo de esa principal esperanza,
pues el verbo, también con ellas robado y receptado, es solo su instrumento,
es lo que me hizo rabiar y no votar más a aquél tipo.
con el tiempo, más me rebelaban quienes le sostenían, empeñados en que todos vieramos blanco lo que por más que remirabamos solo veíamos negro, como el carbón y el hielo, que también pueden verse azul.

hoy me sigue costando lo mismo aguantar a los robapalabras,
y eso que la edad me tiene ya muy amortiguada y amortizada la esperanza.
me revientan y enrabian severamente, tanto que me llega a cabrear mi propia sensibilidad,
o será susceptibilidad?

su encanto,
el de las palabras antes resumidas y envioletadas en negrita,
es consecuencia de la grandeza del universo, de su complejidad y unidad, que exige algún instrumento mágico de gestión,
pues a ver si no cómo llevar cada unicidad, já!, a la unidad, universal!.

el universo, conociéndose, nos tiene indeleblemente implantada a cada unicidad, toma castaña, o sea (umbral, otra vez), a nosotros,
la secuencia de hamelin.
hay ocasiones, cree el universo, en que es necesario poder tocar la flauta y por arte de birlibirloque encantar al personal, para llevarlo al río.

los universos es que son así, ya se sabe.

como sabéis ya, yo creo en el valor de la unión de fuerzas, pero lo creo como se cree hoy, es decir, sin creerlo y, desde luego, sin saberlo.
pero aún si lo creyera de verdad, de verdad de la buena, seguiría siendo una creencia tan útil como inútil, como la licuación de la sangre de santa gema, más o menos.

si no a ver: ¿qué significa fuerza? ¿y unión?

las combinaciones posibles, todas ellas ciertas, hacen que el concepto resulte insignificante, por incierto,
salvo en su intangibilidad emocional, fuenteovejuna, todos a una!

y ahí, precisamente ahí, en lo emocional, es donde entran tanto hamelin como sus más pragmáticos usufructuarios o arrendatarios.

y lo peor es que el universo no es ningún idiota, a lo que se me alcanza.
besotes.
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